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Historia

图片Los primeros habitantes del archipiélago llegaron a las islas en sucesivas oleadas, al parecer, desde el norte del continente africano. El desarrollo de las culturas prehistóricas permitió el establecimiento de una organización social muy jerarquizada, con una estructura política de carácter monárquico y una serie de órganos colegiados que se reunían para dirimir asuntos militares, políticos o jurídicos. La sociedad estaba dividida en dos grupos (en Tenerife eran tres): una especie de nobleza y la gran mayoría de plebeyos. Por debajo de éstos, los considerados oficios viles, como verdugos y carniceros. Eran pueblos ganaderos (cabras, ovejas y cerdos) y agricultores (cultivos de trigo, cebada y habas de las que obtenían el gofio) con una dieta que se completaba con la recolección de raíces y mariscos. Aunque a esta cultura se la conoce como guanche, este nombre corresponde estrictamente a la de los habitantes de Tenerife.

Las Canarias eran conocidas en la época clásica (ya Horacio y Plinio hablan de ellas), pero es a partir del siglo XIV cuando comienza su conquista por los europeos. Se sabe que, desde 1291, comenzaron a llegar al archipiélago diversas expediciones genovesas y, más tarde, de aragoneses y mallorquines. En el siglo XV, los promotores de la conquista fueron el noble normando Juan de Bethencourt y Gadifer de la Salle que estaban al servicio de la corona castellana. La toma de las islas se hizo con dificultades y duró casi todo el siglo. Fuerteventura, Lanzarote, Hierro y La Gomera eran de jurisdicción señorial (islas de señorío), mientras que Gran Canaria, La Palma y Tenerife eran propiedad de la Corona (islas de realengo).

La colonización se inició de manera sistemática en los siglos XVI y XVII con una base demográfica procedente de la península (los indígenas habían sufrido grandes pérdidas en su población durante la conquista). En una primera época, los cultivos para la obtención de azúcar fueron los que más se extendieron: las plantaciones de caña, junto a los ingenios azucareros eran auténticos pueblos, que cultivaban además trigo y otros productos de consumo interno. Pronto fue necesario establecer nuevos cultivos para abastecer a las flotas que hacían escala en sus viajes a América, así se extendieron los campos de cereales y, sobre todo, de vid de la que se obtenía vino que se convirtió en uno de sus principales productos comerciales. Durante los siglos XV y XVI, se creó la real audiencia, el tribunal de la Inquisición, la sede episcopal y los cabildos insulares que, presididos por un gobernador (elegido por el rey o por el señor correspondiente, según fuera isla señorial o de realengo), regía en la respectiva isla.

En el siglo XVIII, se produjo una crisis causada por la fuerte caída del comercio vinícola, pero la liberalización comercial y la modificación de algunos cultivos provocó, pese a todo, un cierto florecimiento económico a partir de la segunda mitad de la centuria: la población casi se duplicó, alcanzando hacia 1800, unos 200.000 hab. En el orden político, la autoridad pasó a los comandantes generales, nombrados por la Corona, en perjuicio de las atribuciones de los cabildos y de la misma audiencia. En el siglo XIX se reactivó la economía con la extensión del cultivo de la barrilla (para obtener sosa) y la cochinilla. Cuando, en 1871, se pudo fabricar carmín con colorantes químicos, la demanda de cochinilla casi desapareció; a partir de esta época, la emigración canaria hacia Latinoamérica fue muy importante. Las primeras décadas del siglo XX fueron de crecimiento debido a la expansión de los cultivos de plátano y tomate, y a la creación de los puertos francos.
En 1912 se estableció la Ley de Cabildos y, en 1927, la división de las islas en dos provincias. Durante toda esta época se consolidó el poder de una elite nepótica y caciquil, muy dividida entre el grupo dirigente de Las Palmas y el de Santa Cruz de Tenerife, que rivalizaban por el control del archipiélago.



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